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Álex: "Llegué a estar en la cárcel, hasta que me fui a vivir solo a una casa en el campo, llevando una vida casi de ermitaño. Allí sentí que había vuelto a casa y que quería seguir viviendo así, en paz y sin hacerme daño"

Álex: "Llegué a estar en la cárcel, hasta que me fui a vivir solo a una casa en el campo, llevando una vida casi de ermitaño. Allí sentí que había vuelto a casa y que quería seguir viviendo así, en paz y sin hacerme daño"

Álex y Paula han decidido dar un giro completo a sus vidas tras establecerse junto a su hija pequeña en una masía alquilada situada en pleno corazón del Montseny según explican en @Arnau-Serrado. Procedentes de la ciudad, la pareja ha comenzado un proyecto de autosuficiencia en el bosque con el objetivo de vivir de forma más pausada y mantener una alimentación natural basada en la reciprocidad con el entorno. La trayectoria previa de los protagonistas ha influido decisivamente en esta decisión de vida. Álex, criado en los Pirineos pero con años de estancia urbana en Londres, ha atravesado etapas complejas marcadas por adicciones e incluso una estancia de seis meses en prisión. Tras un periodo como ermitaño cerca de Montserrat, ha decidido transformar su rutina. "Sentí que volví a casa, que me había separado mucho y que había estado muy perdido" señala Álex al recordar su proceso de reconexión. Por su parte, Paula ha dejado atrás su formación en negocios internacionales y marketing en Barcelona tras sufrir una crisis personal al finalizar la universidad. Su viaje por Latinoamérica le ha servido para reordenar sus prioridades hacia modelos comunitarios y de contacto con la tierra. "Confiar nuestra supervivencia a un sistema que se está cayendo, para nosotros no tiene sentido" explica Paula sobre el motivo que ha guiado a la familia hasta esta finca rural. En la actualidad, la familia produce la mayor parte de sus alimentos, reduciendo al mínimo la compra de verduras exteriores y complementando su dieta con carne de caza y la cría de conejos. Además, aprovechan el agua del río que llega a través de depósitos de 6000 litros para el riego, priorizando el consumo de agua viva libre de químicos sobre las comodidades convencionales. Para sostener económicamente la finca, la pareja vende parte de los excedentes de sus cultivos, lo que permite reinvertir fondos en herramientas, sistemas de riego y compost. El proceso agrícola ha exigido un aprendizaje práctico mediante el método de ensayo y error, adaptándose a las condiciones del suelo sin aplicar químicos industriales. La gestión de las ocho hectáreas del terreno implica hacer frente a diversos contratiempos, como el ataque de zorros, águilas o palomas a las hortalizas y al corral. Para proteger sus instalaciones, han sumado ocas guardianas, un perro pastor y un gallo, además de contar con la colaboración temporal de voluntarios procedentes de entornos urbanos. Frente a la vida puramente intelectual, el trabajo físico en la masía representa una vía de realización personal para la pareja. "Ahora me pongo mucho en valor el saber hacer cosas, creo que será algo muy importante de cara al futuro" afirma Álex, quien resalta la valía de los oficios tradicionales ante los tiempos de incertidumbre. Paralelamente a las labores del huerto y el cuidado de gallinas, la pareja acondiciona una sala de 33 metros cuadrados para organizar talleres de huerta, actividades de bienestar y divulgación de autosuficiencia. Mediante su perfil Can Danza, comparten sus experiencias en redes sociales mientras continúan construyendo una estructura sólida que garantice la soberanía alimentaria de su hogar.

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