Cielo empedrado, suelo mojado

La etnoclimatología es una disciplina, relativamente joven, que se ocupa de estudiar y recopilar los conocimientos meteorológicos en la cultura popular y sobre todo en el seno de las comunidades rurales y marineras. Esta información está contenida fundamentalmente en las predicciones que han quedado recogidas en los refranes tradicionales. Aunque, en realidad, con los refranes no cabe hablar de un método predictivo (reservado este a las cabañuelas y a los aberruntos), sino más bien de deducción asociativa. Es decir, el refrán (meteorológico) surge como corolario de la aplicación de un método sencillo basado en la «observación-constatación-conclusión», con el que el vulgo desde siempre ha construido sus propias máximas y asertos. La observación continuada en el tiempo a lo largo de los años, para constatar que se repite un determinado fenómeno meteorológico, está en la base de la elaboración de estos refranes. El refrán contiene un conocimiento de transmisión oral de fácil asimilación, ya que originariamente iba dirigido a personas iletradas, de manera que sea constatable y aplicable a una situación cotidiana. Un ejemplo de elaboración de un refrán meteorológico podría referirse a la presencia de la lluvia en determinados días del año. Desde la situación del observador que de manera reiterada constata a través de indicios las formas o tonalidades de color de las nubes (es el caso del refrán: «cielo encarnado, suelo mojado»), y cuando este fenómeno se verifica, llueve. Por lo que termina concluyéndose que cada vez que se repite este indicio quiere decir que va a llover. Además de las nubes existen otros presupuestos indiciarios. Por ejemplo, la luna en sus distintas fases o el halo en torno a nuestro satélite («salida de luna, moja La Laguna»); el arco iris («arco iris por el monte, coge la caña y trasponte»); el comportamiento de los animales, como el vuelo de las aves («gaviotas para La Laguna, agua segura»), etc. Este decir que podemos escuchar en Canarias («cielo empedrado, suelo mojado») funciona como una deducción cartesiana simple, en la que la primera parte de la expresión establece un presupuesto observable en el cielo: «cielo empedrado», y la segunda parte, una consecuencia verificable: «suelo mojado». El «cielo empedrado» se refiere a cuando el cielo está cubierto de pequeñas nubes blancas que en su conjunto nos recuerdan las piedras que se usaban antiguamente para empedrar las calles y plazas de los pueblos o en los caminos reales. Con lo que se establece un símil entre el cielo cubierto de estas nubes que los meteorólogos identifican con un tipo de cúmulo, y el empedrado. También se asemejan a la imagen de un ganado de ovejas a su paso por la cañada [de hecho, en otros dominios del español se dice «cielo aborregado», de borrego]. Adviértase que el adjetivo «empedrado» es un elemento propio del suelo, por lo que el sentido figurado traslada el empedrado al cielo; mientras que el adjetivo «mojado» sugiere la consecuencia de la lluvia y establece así una asociación de ideas entre el «cielo empedrado» y el «suelo mojado» y cuya rima facilita su memorización por el vulgo. Todo ello para recordarnos que cuando aparecen nubes en el horizonte que dan la impresión que el cielo está empedrado es señal de que lloverá.
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