La felicidad compartida
Yo no sé cuánto tardará en cerrarse esta brecha temporal que solo abre el fútbol y que permite a españoles tan distintos (o eso nos dicen) caminar juntos un palmo por encima del asfalto candente de todas las aceras y levitando de orgullo gracias a la victoria de los chicos ejemplares de Luis de la Fuente. Hay algo esperanzador –ahora que no abundan las noticias esperanzadoras– en el hecho de que el gol de Ferran Torres se gritara con la misma euforia en la casa de Félix Bolaños o en casa de Santiago Abascal. A eso lo podemos llamar españolidad. El palpo vivo de la identidad nacional. El catalán o el vasco se han pasado toda la vida siendo españoles y le han dicho que tienen que hacer otra cosa. La realidad nunca ha sido pared suficiente para el que va ciego o tuerto de ideologías. Esperemos que Luis de la Fuente y sus muchachos nos sigan alegrando la vida a todos los españoles.
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