Sentar al genio también es cuidarlo se llame Lamine o Cristiano

Hay una tentación que acompaña a todos los seleccionadores desde que el fútbol es fútbol: convertir a sus elegidos en intocables. Es comprensible, porque el talento escasea y el miedo al vacío es humano. Pero también es peligrosa y a veces pasa factura. Leer la noticia completa
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