Todo por un sueño

En el cerebro de Iñigo Unda (Gernika-Lumo, 2001) había un sueño instalado desde que tenía apenas cuatro años de edad. Él mismo recuerda que entró por primera vez al Jai Alai foral, una suerte de joya arquitectónica, en el verano de 2005. Lo hizo con un amigo y Gonzalo Beaskoetxea, legendario exprofesional y alma máter de la escuela de la localidad hasta que pasó el testigo a su hijo Diego, les comentó que estaba buscando chavales para entrar en la escuela. Rebusca Unda en sus recuerdos y reconoce que "al día siguiente" fue para probar con aita, un "gran aficionado" a la herramienta. Aquel día quedó prendido del mimbre, del sonido de la pelota con el frontis, de la electricidad de un buen derechazo, de la velocidad, la tensión y la pura adrenalina que sienten los puntistas.
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